Gabriela Hearst conociendo su mundo como diseñadora

Gabriela Hearst

Gabriela Hearst es la diseñadora del momento; lleva viviendo en Nueva York más de 20 años, es oriunda de Uruguay. Su voz con la que contestó el teléfono sonó con un acento español rotundo y musical. Casada con Austin Hearst, nieto de William Randolph Hearst, magnate de la prensa americana. Tiene un hijo con él llamado Jack de tan sólo dos años.

Gabriela tiene como clienta a Chelsea Manning una de las más destacas en Wikileaks. Eligió un vestido de la diseñadora para posar en libertad. Por ello logró 28000 “me gusta” en su cuenta Instagram, de esto la diseñadora comentó:

“Sentí una conexión inmediata con su estilo. Nos comunicamos por Twitter y congeniamos. Transmite sabiduría».

Gabriela Hearst ¿vestiría a la esposa de Trump?

Según cuenta la diseñadora Melanie Trump ya ha vestido ropa de la diseñadora. Expresa que su punto de vista político es muy diferente a la del presidente norteamericano, sin embargo considera que cada quien es libre de comprar lo que quiera.

Es una admiradora de Melanie porque considera estar orgullosa de vestir a mujeres inteligentes con habilidad para mejorar la vida de los demás.

¿Considera poder cambiar a una persona con la ropa?

Gabriela considera con un sí rotundo. Según ella la ropa refleja el estado de ánimo de cada persona, no se habla de si son caras o según el estrato social de cada quien. Se puede vestir de una manera muy sencilla, tal vez con unos jeans y una camiseta y sentirse bien.

 ¿Tradición o tendencia?

Es muy importante según lo manifiesta Gabriela realizar prendas en las que su diseño sea atemporal. Además, la diseñadora reconoce que los productos cuesta según su valor. Los precios oscilan entre 400 euros unas sandalias y unos 3000 euros un vestido.

Gabriela cuenta entre sus anécdotas, que cuando viaja ella con su esposo a Uruguay duermen en una cama vieja de madera.  En este sentido, la diseñadora expresa:

“Entablas otra relación con la naturaleza cuando hay más animales que personas. Las situaciones artificiales me incomodan. Puedes sacar a la chica del campo, pero no al campo de la chica».

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